Movimientos sociales y creatividad:
la subjetividad disputante

Social movements and creativity:
the disputant subjectivity

Jesús Moya Vela

Universidad Autónoma de Zacatecas

moya@uaz.edu.mx

https://orcid.org/0000-0003-4299-9804

Resumen

En el ensayo se desarrolla la tesis siguiente: la creatividad es praxis, ya que es un elemento de las acciones colectivas que los movimientos sociales realizan para afrontar la dominación y sacar adelante agendas de cambio político. Este argumento se desarrolla desde la teoría del interaccionismo simbólico de Herbert Mead y la teoría de la actividad de Lev Vygotsky. El escrito se compone de una breve introducción a la teoría de la praxis de Karl Marx, para después desarrollar, a partir de ella, una explicación de la creatividad como praxis. Posteriormente se muestra la relación existente entre la creatividad, la acción colectiva y los movimientos sociales. Por último, se hace una breve exposición de algunos ejemplos como demostración empírica de la argumentación central.

Palabras clave

Movimientos Sociales; Creatividad; Subjetividad; Praxis; Dominación.

Abstract

The essay develops the following thesis: creativity is praxis, since it is an element of the collective actions that social movements carry out to face domination and push forward agendas of political change. This argument develops from Herbert Mead's theory of symbolic interactionism and Lev Vygotsky's theory of activity. The writing consists of a brief introduction to Karl Marx's theory of praxis, to later develop, from it, an explanation of creativity as praxis. Subsequently, the relationship between creativity, collective action and social movements is shown. Finally, a brief exposition of some examples is made as an empirical demonstration of the central argument.

Keywords

Social Movements; Creativity; Subjectivity; Praxis; Domination.

1. Introducción

Cuando Karl Marx realizó sus estudios sobre el materialismo mecanicista estaba buscando elementos teóricos que le permitieran superar la dialéctica hegeliana y el idealismo que caracterizó a dicha escuela filosófica alemana. Su aprehensión del materialismo no fue un credo de fe. La tesis once sobre Feuerbach es una de las conclusiones fundamentales de su estudio crítico y una muestra de la apropiación que hizo del trabajo de aquél: lo que hay que hacer no es entender el mundo (o no sólo entenderlo), sino hay que transformarlo (Marx, 2014).

La tesis final de estas reflexiones marxianas es posible por el recorrido que realizó el citado autor y que le llevó a una serie de conclusiones, o bien, de acercamientos a la problemática entre conocimiento y acción, entre subjetividad y praxis (Echeverría, 2021). En la tesis 1 él sostiene que el mundo no puede reconocerse ni asumirse como conocimiento sin el efecto que la agencia humana tiene sobre la realidad, así como también que ésta tiene efectos sobre el sujeto; se trata de una interacción dialéctica. Los objetos cognoscibles se subjetivan por medio de la acción, por lo tanto, para conocerlos, descubrirlos, se requiere que el sujeto actúe sobre estos (Marx, 2014).

En efecto, Marx invita a reflexionar sobre la relación entre subjetividad y “realidad”. (Echeverría, 2021). La creatividad, entonces, es una forma de construir el mundo cognoscible al momento de actuar sobre éste; por lo tanto, obviamente, no es posible cambiar el mundo sin creatividad –la cual es consustancial a la praxis–.

Este trabajo es una reflexión que lleva la acepción de creatividad de Vygotsky (2010; 2012) y la noción de subjetividad que desarrolló Herbert Mead (2015) hacia las expresiones y acciones colectivas que caracterizan a los movimientos sociales. Fue posible plantear que la creatividad, así como también la subjetividad, son momentos de la totalidad con amplia injerencia en la dialéctica que conforma los procesos de acción. Para lo anterior, debieron analizarse elementos teóricos sobre las características de la acción colectiva que da vida a los movimientos sociales en las sociedades capitalistas. El trabajo cierra con una breve exposición de ejemplos empíricos.

2. Creatividad y subjetividad

Es posible obtener dos deducciones mínimas de la lectura de La Ideología Alemana (Marx y Engels, 2014), del apartado cuarto del capítulo I –La Mercancía– del Tomo I de El Capital (Marx, 1999), así como también de las ya citadas Tesis sobre Feuerbach (Marx, 2014): esto es, que la subjetividad puede ser un catalizador o un inhibidor para el cambio.

La idea de una arquitectura que conforma la realidad social no dice mucho, aunque fuese la metáfora más didáctica que Marx hubiera podido exponer para explicar las relaciones en el párrafo anterior (estructura-superestructura) (Marx, 2015). Sin embargo, las ideas son siempre poderosas cuando de transformar el mundo se trata. No es posible lo político sin la constitución de raigambres subjetivos, ideacionales, ideológicos, discursivos y por supuesto creativos. La subjetividad, entendida también como un elemento práctico, transformador, revolucionario, y por ello creativo ya que permite dilucidar formas de cambio y relaciones sociales posibles y, por qué no, más justas, sería entonces un catalizador.

Cuando las clases subalternas, campesinas, indígenas o proletarias, aquejadas por la desigualdad, la explotación, la dominación, el crimen o la violencia estructural no consiguen en el decurso histórico construir imaginativamente nuevas formas de relaciones sociales que les liberen, la subjetividad, entonces, será un inhibidor. El fetichismo de la mercancía tiene dicha capacidad: impide que se conozca más que el “mundo inmediato” y petrificado de las cosas –hasta los intercambios aparecen estáticos–; no permite “observar” que el mundo de los hombres está constituido por relaciones sociales, y por ello, tampoco resulta sencillo reconocer que éstas, a las cuales se pertenece, son de explotación y dominación; mucho menos, entonces, queda espacio para la creatividad que por medio de la praxis pudiese cambiar toda esa trama. Karel Kosík nombró a este efecto de las relaciones sociales capitalistas en la vida cotidiana y la subjetividad como la preocupación (Kosík, 1967).

Este sentido inhibidor de la acción no se reduce únicamente al fetichismo o a los efectos de las ideologías (Larraín, 2007). Marx (1980) hizo una amplia reflexión sobre los efectos que tienen en la conciencia los procesos de producción capitalista. En sus manuscritos económicos y filosóficos de 1844 y a partir de su lectura de la crítica a la religión de Feuerbach, el autor de El Capital reconocería, desde un ejercicio dialéctico similar al de dicho autor, cómo es que la enajenación coadyuva a que se generen subjetividades que coexisten en condiciones de explotación.

Lo anterior es también un elemento que permite que la dominación, entendida en términos relacionales, sostenga elementos de poder sobre las clases subalternas. Para Feuerbach (2019) Dios fue creado por el hombre para después éste dominarle. A partir de ello, Marx argumentó que, mediante el trabajo en clave capitalista, el obrero produce y reproduce su propia condición como hombre al desplegar su fuerza de trabajo por un salario. La mercancía debiese permitir al proletario, entonces, reconocerse a él mismo en aquélla, pero fuera de sí –objetivación– como producto de su trabajo –creatividad, energía creadora, fuerza de trabajo–, pero al no pertenecerle debido a las condiciones impuestas por la propiedad privada, esa objetivación implica que su esencia le es extraña –enajenación–. Para Marx, el obrero, al igual que el religioso respecto a Dios, produce al capital, y luego éste, su propia obra, se revierte para dominarle (Marx, 1980).

Planteada una mínima funcionalidad política doble y de contraste de la subjetividad, se asegura que aquélla donde puede ser un catalizador retoma su mejor forma como creatividad para la transformación, sea revolucionario o contenida de una amplia motivación para tener injerencia en formas nuevas y diferentes de sociedad (la subjetividad como praxis). Sin duda, los movimientos sociales tienen como un fuerte cimiento de sus quehaceres a esa subjetividad como catalizador político que irremediablemente se entrelaza con la motivación que la experiencia de ser sujeto de dominación puede provocar.

La subjetividad es una composición compleja de procesos de distinto tipo. El lenguaje es de vital importancia. A través de los gestos, mecanismo principal de comunicación humana, el niño constituye a lo largo de su desarrollo lo que Mead nombró el Self. Éste es núcleo de la identidad y la subjetividad, toda vez que contiene los procesos psicológicos que permiten el pensamiento: Yo y . El Yo es la individualidad y requiere de la interacción que la persona desarrolla con todos los elementos del contexto, el cual nombraremos entorno de interacción, que además comprende acciones dirigidas con cadencia generada por las respuestas que sus propios actos promueven en los demás (Mead, 2015).

Las personas se desenvuelven en distintos entornos de interacción, y el Yo implica la creatividad –asumida aquí como praxis–, y el presente psicológico en transcurso durante la experiencia en dichos entornos. Es por medio del Yo que la creatividad se expresa y encuentra, subjetivamente, su contacto sensorial, perceptual y consciente con el medio (Brewster y Puddephat, 2016). Ello no reduce a la creatividad al Yo como tampoco al presente continuo en el que se encuentra este proceso psicológico (Mead, 2015).

Es posible crear formas de acción e interacción en los entornos a partir de elementos de memoria y experiencias pasadas. Vygotsky describe cuatro formas de vinculación entre la realidad y la fantasía que son consustanciales a la creatividad:

La primera forma de vinculación […] consiste en que toda elucubración se compone siempre de elementos tomados de la realidad extraídos de la experiencia anterior del hombre […] la fantasía no está contrapuesta a la memoria, sino que se apoya en ella […] la segunda de las formas […] no se realiza entre elementos de construcción fantástica y la realidad, sino entre productos preparados de la fantasía y determinados fenómenos complejos de la realidad […] No se limita ésta a reproducir lo que asimilé de pasadas experiencias, sino que de partiendo de ellas, crea nuevas combinaciones […] La tercera de las formas de vinculación entre la función imaginativa y la realidad es el enlace emocional […] Resta aún hablar de la cuarta y última forma de relación […] vinculada estrechamente a la que acabamos de describir […] Consiste su esencia en que el edificio erigido por la fantasía puede presentar algo completamente nuevo, no existente en la experiencia del hombre […] pero al recibir forma nueva, al tomar nueva encarnación material, esta imagen “cristalizada”, convertida en objeto, empieza a existir realmente en el mundo y a influir sobre los demás objetos. (2012, pp. 16-24).

Las formas de vinculación entre fantasía y realidad describen como la creatividad objetiva, la imaginativa y la inventiva son consustanciales a la transformación (Tristán y Mendoza, 2016). Para Mead esto no era extraño en su teoría. Es en el donde lo anterior tiene una dinámica que permite integrar la socialización y el aprendizaje a la individualidad, y también la improvisación y creatividad del Yo en el Self para ejercer efectos variados en determinados contextos. Por lo anterior, hemos argumentado que la relación Yo y es dialéctica, esto es, contradictoria y complementaria a la vez, ya que son parte de un todo concreto que es el Self (Mead, 2015).

Las interacciones están cargadas de significados que son y fueron construidos por medio también de aquéllas en entornos determinados. Así se construyen grupos y sentidos de comunidad que comparten formas de comunicación que permiten identificarse como parte de un colectivo humano (Blumer, 2004). El es también la asunción de las actitudes que el Otro generalizado se presupone muestra ante las acciones del Yo. Por eso es memoria y pautas sociales (normas, valores, significados, gestos), mientras que el Otro generalizado es el reconocimiento psicológico de las reacciones del grupo ante los actos del individuo, aunque aquél –el grupo real– no se encuentre presente al momento de la acción. Todo ello es pensamiento: Self −Yo-Mí−; Otro generalizado; gesto significante; significado; acción simbólica; y es subjetivo debido a su carácter psicológico, pero también social debido a su esencia interactiva, relacional con los otros dentro de entornos de interacción simbólica (Mead, 2015; Carabaña y Lamo de Espinosa, 1978). Más adelante se presentará cómo lo anterior se engarza a la praxis y los movimientos sociales.

La subjetividad asume la forma de una integración del acto al pensamiento. La acción y las respuestas de los integrantes de un entorno determinado que el Yo consolida en un proceso de pensamiento de posibles vías de continuidad de estímulos y respuestas significativos es en sí interacción simbólica. Ello acontece como pensamiento, toda vez que el acto social se vuelve un mecanismo psicológico para la acción. La interacción simbólica se recrea con los otros; pero también psicológicamente como pensamiento y acción. Por lo tanto, la subjetividad no sólo es un epifenómeno de las relaciones sociales materiales; su dinámica es funcional. Es por eso, como se ha argumentado, que la integración psicológica de la acción hace que la subjetividad sea interacción como pensamiento (Mead, 2015).

En la obra Pensamiento y lenguaje de Vygotsky (2010), Alex Kozulin explica que el psicólogo ruso coincide con Mead en relación con la subjetividad y el pensamiento desde una posición dialéctica. El tema gira alrededor de la conciencia como uno de los problemas más trascendentales de la psicología: “El primer paso de Vygostky hacia la concreción de este principio fue la sugerencia de que la conciencia individual se construye desde fuera mediante las relaciones con los demás” (Kozulin, 2010) –un trabajo que analiza de manera integral las obras de los dos psicólogos aquí citados es el de Shalin (2017).

Para presentar su argumento, Kozulin retoma la siguiente cita de Vygotsky (los corchetes fueron colocados por Kozulin):

El mecanismo del comportamiento social y el mecanismo de conciencia son el mismo […] somos conscientes de nosotros mismos porque somos conscientes de los demás y del mismo modo que conocemos a los demás; y esto es así porque en relación a nosotros mismos estamos en la misma [posición] que los demás respecto a nosotros. (Vygostky, citado por Kozulin, 2010, p. 22)

En el texto recién mencionado, para sostener sus argumentos Kozulin cita la afirmación que el psicólogo social plantea en su teoría sobre la génesis y la composición social del pensamiento y la subjetividad. En el presente ensayo se transcribe el fragmento de la obra Mind, Self and Society, debido a que es útil hacerlo de manera más extensa para el desarrollo de las ideas expuestas:

The internalization in our experience of the external conversations of gestures which we carry on with other individuals in the social process is the essence of thinking; and the gestures thus internalized are significant symbols because they have the same meanings for all individuals members of the given society or social group, i. e., they respectively arouse the same attitudes in the individuals responding to them: otherwise the individual could not internalized them or be conscious of them and their meanings. As we shall see, the same procedure which is responsible for the genesis and existence of mind or consciousness –namely, the taking of the attitude of the other toward one’s self, or toward one’s own behavior– also necessarily involves the genesis and existence at the same time of significant symbols, or significant gestures. (Mead, 2015, s.p.)1

Para Vygostsky la actividad creativa –es importante recordar que las palabras acción y actividad comparten el componente léxico actus (llevado a cabo)–, tiene como principal finalidad la novedad, como ya se ha planteado (2012). Ello puede “cristalizar” en un objeto, herramienta, máquina o pieza artística, pero también puede referir a estados y relaciones sociales diferentes. La creatividad es aplicada no únicamente para resolver problemas cotidianos e inmediatos, o para atender necesidades psicológicas por medio del arte, como puede ser la comunicación y la expresión de emociones (Vygotsky, 2013). Además de ello, dicha actividad permite construir formas de vida que pudiesen ser diferentes a las que los agentes puedan estar experimentando en su tiempo presente. La proyección a futuro, para el caso de este tipo de aplicación de la creatividad, es un elemento consustancial de esta última:

El hombre habrá de conquistar su futuro con ayuda de su imaginación creadora; orientar en el mañana, una conducta basada en el futuro y partiendo de ese futuro, es función básica de la imaginación […] La formación de una personalidad creadora proyectada hacia el mañana se prepara por la imaginación creadora encarnada en el presente. (Vygotsky, 2012, p. 108)

La creatividad tiene una función histórica. Es decir, ésta contiene la posibilidad de subjetivar el mundo para generar efectos sobre éste –praxis–. La transformación y lo nuevo sólo son posibles si se asume que únicamente por la acción se puede “cristalizar” lo que la creatividad pretende como nuevas formas de organización política. Un buen ejemplo es el siguiente: una democracia que supere lo procedimental, que integre la participación directa además de la representación, y que no esté vacía toda vez que contiene una lucha constante contra la dominación (Tilly, 2010); ello podría ser un régimen sustentado en relaciones de poder en forma de autodeterminación y por lo tanto fuera de relaciones de explotación. El ejemplo no resuelve mucho para que la creatividad logre romper diferentes formas relacionales y de ejercicio del poder, pero permite identificar acciones dirigidas a tener alguna injerencia en ese sentido. Es decir que la posibilidad del cambio político revolucionario puede concretarse si se constituye por medio de la praxis dentro del horizonte del acontecimiento (Casanova, 2011).

A partir de las consideraciones vertidas sobre la creatividad, se continua con un desarrollo de la relación entre los movimientos sociales y la creatividad. No todos los movimientos sociales presuponen agendas que pretendan efectos e injerencias que se indican aquí como de amplio espectro histórico e institucional. Con lo anterior se subraya que difícilmente estas expresiones políticas en su mayoría tienen en su mira generar la renovación total de la sociedad: el fin del capitalismo; la reorganización o eliminación del Estado y sus instituciones (Arrighi, Hopkins y Wallerstein, 1999). Sin embargo, como bien sostiene Tilly en su análisis sobre la democracia, los movimientos sociales en un régimen político suelen tener como influencia en las relaciones sociales el trastocamiento de la dominación política (Tilly, 2010).

Las siguientes secciones son un análisis que asegura que la creatividad cumple una función política fundamental cuando es dirigida a enfrentar la dominación en distintos niveles de alcance según sean los motivos procesales-relacionales (sociedad, política), colectivos e individuales, para la organización y la acción colectiva en formas que pueden ser caracterizadas como movimientos sociales.

3. La relación entre movimientos sociales,
acción colectiva y creatividad

Los movimientos sociales realizan acciones de carácter colectivo y organizado con la finalidad de promover cambios o transformaciones. Los medios suelen no ser institucionales. Sin embargo, dentro de sus campos de acción se puede encontrar la intención de tener efectos en algún elemento institucional de algunas de estas construcciones políticas (Almeida, 2020). Por ello, es equivocado afirmar que todos los movimientos sociales se encuentran en la clandestinidad, la “ilegalidad”, la insurgencia o en total confrontación hacia las instituciones. Tarrow considera que la acción colectiva contenciosa, así como periodos considerablemente sostenidos de movilización sobre la base de redes sociales relevantes, es lo que define, en parte, a un movimiento social (Tarrow, 2004).

Además de lo anterior, las acciones de los movimientos sociales se constituyen a partir de creencias compartidas sobre el mundo social en el que se desenvuelven, por lo que son colectivas (Gamson, 1992;); así como también por una organización o estructura, distintos recursos que posibilitan sus actividades políticas, además que sus acciones suelen estar motivadas por detrimentos y sus integrantes se asumen como excluidos en sentido de la toma de decisiones políticas (Almeida, 2020), y estarán dentro de relaciones conflictivas (Cueto y Guillén, 2013; Touraine, 1995). Respecto a esto último, es necesario plantear que el conflicto político tiene distintos elementos. La psicología social del conflicto ha demostrado que éste es una relación de interdependencia, toda vez que hay fines, recursos, proyectos e intereses que son mutuamente incompatibles (Tinoco, 2013).

El conflicto no siempre está en estado implícito o explícito (González, 2001). Cuando es implícito puede dar forma y continuidad a la organización de los movimientos sociales (Cueto y Guillén, 2013; Touraine, 1995); sin embargo, habrá momentos y espacios en los cuales la acción colectiva o la represión, por ejemplo, llevarán a que el conflicto ascienda en una escalada −será explícito−. El conflicto puede referir a exigencias muy puntuales y cotidianas, ya sea hacia otros colectivos, clases, o bien instituciones y el Estado. Es político toda vez que afecta a la cotidianeidad, a las relaciones de dominación y el poder, a las instituciones, así como también a lo público y lo privado. Estas relaciones conflictuales que determinan en gran medida las formas de acción colectiva son en sí interacciones.

Los movimientos sociales se caracterizan por tener agendas en constante construcción y reconstrucción para desarrollar formas de interacción simbólica toda vez que conforman colectividades en entornos de interacción determinados por el conflicto político −el contexto (Stekelenburg y Klandermans, 2013); igualmente pretenden la transformación y ello conlleva relaciones de distinto tipo hacia con el Estado, las instituciones y la sociedad civil en general (Almeida, 2020). Sin duda, los elementos culturales son fundamentales, ya sea que se integren a la acción colectiva de los movimientos, o bien porque éstos, en su actuar, los crean (Melucci, 1999; Tarrow, 2004). Ratner llamó a esto como “la psicología cultural de la liberación” (2013, p.210).

Gramsci sostuvo que la hegemonía es constitutiva del poder toda vez que la clase dominante consigue que sus elementos culturales, así como simbólicos y morales, se vuelvan predominantes en una sociedad de clases determinada. De manera más específica, el autor recién citado está pensando en sociedades capitalistas (Gramsci, 2015). Esta hegemonía puede entrar en crisis por elementos contrahegemónicos una vez que los movimientos sociales confrontan ese estatus cultural con la producción subjetiva y práctica que generan por medio de la creatividad.

Las interpretaciones sobre los llamados nuevos movimientos sociales han generado explicaciones de estos procesos y relaciones políticos como originados en elementos de carácter subjetivo. Ello presupone una crítica a las explicaciones materialistas y por ello da prioridad a las identidades, los significados y la subjetividad (Melucci, 1999)–no como acción, sino sólo como interioridad e intersubjetividad–. Por ejemplo, las emociones son relevantes para las acciones de carácter colectivo y político (Stekelenburg y Klandermans, 2013). Respecto a esto último, se ha propuesto que los movimientos sociales tienen como componente motivacional una “cognición caliente” cargada de indignación por distintas razones encontradas en el entorno político en el que se desenvuelven (Gamson, 1992).

A pesar de lo anterior, debe insistirse en que los movimientos sociales pretenden mínimamente alguna transformación (Arciga y Olivares, 2012). Teóricamente se asume que los elementos teóricos antes descritos son componentes de los movimientos sociales, aunque no pretendan revolucionar el modo de producción capitalista. La praxis, la acción, la subjetividad y por supuesto la cultura (Silva, Lemos de Paiva y Magiolino, 2017), están presentes en tanto la creatividad para generar la transformación social implica que los colectivos y colectivas se afrontan a su realidad para comprenderla y transformarla: un proceso de mutualidad entre el objeto y el sujeto cognoscente; una dialéctica de contradicciones y complementariedades y mutuas determinaciones –subjetividad como acción, creatividad como praxis (Echeverría, 2021).

La creatividad resulta ser relevante toda vez que su aplicación en lo político se compone de elementos materiales (en términos marxianos) que en mutualidad con la subjetividad de colectivos permiten la transformación. La creatividad es consustancial, por lo tanto, a la acción colectiva (Gamson, 1992). Permite encontrar salida y formas novedosas de acción para lograr su sentido de futuro: uno que los movimientos sociales desean y presuponen mejor desde su posicionamiento. El movimiento social será un entorno de interacción que congrega selfs e interacciones simbólicas sobre el mundo que pretenden influir.

La creatividad no únicamente permite reflexionar y actuar para cambiar el mundo, es decir, para construir un relato de un futuro deseable, imaginado a partir de la subjetivación del mundo; sino también, “cristalizará” en prácticas, estrategias, objetos, expresiones artísticas y distintas formas de creatividad aplicada. Finalmente, se exponen algunos ejemplos de la creatividad que los movimientos sociales explayan como distintas formas de actividad que complementan sus procesos de acción colectiva. Los entornos de interacción que son creados a través de la misma movilización llevan a distintas formas de expresión. Se verá que la propuesta puede identificar el arte, el objeto y la narrativa de futuro como formas creativas de los elementos políticos aquí expuestos.

4. La creatividad transformadora de los movimientos sociales: algunos ejemplos

La relevancia de los movimientos sociales para los sistemas y regímenes políticos obliga a reconocer sus procesos asociativos y de acción colectiva, especialmente aquellos que se constituyen desde paradigmas éticos que propugnan por mejores formas de convivencia. En este cierre analítico, se mencionan acciones cargadas de mucha creatividad que se caracterizan por lo anterior.

Un ejemplo de la relevancia que tiene la constitución de un futuro posible como producto creativo son las acciones de memoria que los movimientos sociales generan. La colectivización y movilización política presuponen ya mecanismos de construcción de ello (Mendoza, 2001). Aunado a lo anterior, también estas expresiones políticas pueden tender a generar otro tipo de acciones encaminadas a la creación o generación de memoria colectiva (Arciga y Olivares, 2012).

Las memorias colectivas se construyen por un sentido del tiempo, el cual es uno de sus marcos (Halbwachs, 2004). Ello implica que la memoria se construye y reconstruye a partir de una serie de sentidos sobre el transcurrir desde un pasado hacia un futuro deseable (Yo-Mí). La vinculación entre fantasía y “realidad” (Vygotski, 2012) acompaña los procesos de memoria de los movimientos sociales.

Además de los marcos de memoria, ésta tiene recursos para su expansión y conservación, tal es la función de los objetos (Mendoza, 2001). Con un reconocimiento respetuoso a las buscadoras y buscadores en México, se menciona ahora la actividad que al tejer en color rojo en el proyecto Sangre de mi Sangre permite la creación de memoria como lucha contra el olvido a los desaparecidos. Los tejidos que gente valiente hace en color rojo se convierten en un recurso de memoria y comunica que a sus familiares los esperan vivos.

La creatividad se vierte al transformar un objeto (hilo) que permite crear y reflexionar sobre un momento pasado y un posible futuro construidos por el dolor y la indignación como cognición “caliente” que motiva los procesos de acción colectiva. Hay otras formas de creatividad “cristalizada” como ejercicios de memoria colectiva y de lucha contra el olvido social que los movimientos sociales han logrado generar: obras de teatro −se recomienda revisar la experiencia del montaje en escena Antígonas, tribunal de mujeres, donde víctimas de violencia en Colombia participan (Quiroz, 2021); fotografía; literatura; museos comunitarios que cuentan la historia de la localidad y la de sus sobresalientes integrantes; entre otras cosas.

No todas las acciones están dirigidas, conscientemente, a promover memoria colectiva, aunque éstas, sin duda, la generen. Las letras de la música de protesta son un claro ejemplo de creatividad que tratan de realizar comprensiones del mundo con la intención de promover formas de transformación desde la comunicación y lo simbólico. Los géneros musicales que han sido apropiados por los compositores para dichos fines son demasiados y son parte de entornos de interacción determinados, ya que reflejan problemáticas de poder y dominación particulares a una época, lugares y agentes (Almeida, 2020).

La protesta hace uso del arte de la consigna para poder comunicar los sentidos de la movilización política. Frases que pueden estar escritas en rima, no demasiado largas y con cadencia musical, son elementos creativos que los movimientos sociales utilizan para irrumpir en el espacio público y así tener influencia en la condición de la dominación.

Los pueblos originarios en América Latina organizados para el establecimiento de relaciones de poder autónomos también son un ejemplo, toda vez que luchan contra el olvido social y por la probabilidad de futuro sentado en un presente y un pasado compartido (Mendoza, 2001). El EZLN ha conseguido ser uno de los movimientos sociales con mayor creatividad. Sus documentos y comunicados suelen tener un sentido literario arraigado en la cultura de los pueblos originarios y organizados alrededor de los pueblos autónomos que el movimiento ha creado en Chiapas, así como también un contenido político y reflexivo contundentemente anticapitalista. Las visiones local y mundial se entrelazan con la ironía, la digna rabia y la alegría por resistir y luchar contra la dominación en un México desgarrado por la desigualdad.

Los recursos que el zapatismo ha generado son muchos, pero reproducimos un fragmento de la carta que el Subcomandante insurgente Marcos dirigiera al Niño Miguel A. Vázquez Valtierra como muestra de lo anterior:

Y ser un soldado que quiere que ya no sean necesarios los soldados es muy simple, basta responder con firmeza al pedacito de esperanza que en cada uno de nosotros depositan los más, los que nada tienen, los que todo tendrán. Por ellos y por los que han ido quedando en el camino, por una u otra razón, injustas todas. Por ellos tratar de veras de cambiar y ser mejores cada día, cada tarde, cada noche de lluvia y grillos. Acumular odio y amor con paciencia. Cultivar el fiero árbol del odio al opresor con el amor que combate y libera. Cultivar el poderoso árbol del amor que es viento que limpia y sana, no el amor pequeño y egoísta, el grande sí, el que mejora y engrandece. Cultivar entre nosotros el árbol del odio y el amor, el árbol del deber. Y en este cultivo poner la vida toda, cuerpo y alma, aliento y esperanza. Crecer pues, crecer y crecerse paso a paso, escalón por escalón. Y en ese sube y baja de rojas estrellas no temer, no temer sino al rendirse, el sentarse en una silla a descansar mientras otros siguen, a tomar aliento mientras otros luchan, a dormir mientras otros velan. (Subcomandante insurgente Marcos, 1994).

Paul Almeida enlista otra serie de acciones creativas que han caracterizado a distintos movimientos sociales (2020): pancartas, memes, contenido en redes sociales, volantes, panfletos, danza, poesías, etcétera. Son elementos de subjetividad como acción que, en el proceso de comprender el mundo para transformarlo, procuran tener efectos sobre la “realidad” social con la finalidad de modificar su ámbito político: la dominación.

5. Conclusiones

Los movimientos sociales son insoslayables a las sociedades capitalistas. Han logrado coadyuvar a la construcción de mejores formas de convivencia y su confrontación hacia la dominación es necesaria para que las clases y grupos subalternos consigan sacar adelante procesos de transformación política. El rol que juegan para las democracias es fundamental, ya que aportan múltiples elementos y sinergias a éstas a través de las luchas y agendas que impulsan.

Como se ha demostrado en las líneas anteriores, ello no es posible sin la creatividad que es consustancial a los movimientos sociales. Para reconocer esto, es necesario partir de la comprensión que interpreta a la creatividad como praxis, toda vez que logra “cristalizar”, a partir de la acción colectiva, en objetos y relatos de futuro que permiten impulsar el cambio. Ello es posible debido a la interacción simbólica que los movimientos sociales desarrollan para generar efectos en los entornos en los que se desenvuelven y crean. Esta mutualidad, aquella donde la subjetividad es acción creadora de la “realidad” social, implica que al subjetivar a ésta para su conocimiento también la transforma.

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1 Trad. La internalización en nuestra experiencia de las conversaciones externas de gestos que mantenemos con otros individuos en el proceso social es la esencia del pensamiento; y los gestos así interiorizados son símbolos significativos porque tienen el mismo significado para todos los individuos miembros de una sociedad o grupo social determinado, es decir, suscitan respectivamente las mismas actitudes en los individuos que responden a ellas: de lo contrario, el individuo no podría interiorizarlas ni ser consciente de ellas y de sus significados. Como veremos, el mismo procedimiento que es responsable de la génesis y existencia de la mente o la conciencia –es decir, la adopción de la actitud del otro hacia uno mismo, o hacia el propio comportamiento– también implica necesariamente la génesis y la existencia en el nivel mismo. Al mismo tiempo de símbolos significativos, o de gestos significativos. (Mead, 2015, s.p).

Recibido: 28 de mayo de 2023

Aceptado: 17 de noviembre de 2023

Para citar este artículo: Moya, J. (2024). Movimientos sociales y creatividad: la subjetividad disputante. Revista Creatividad y Sociedad, 39(4), pp. 45-57.

Recuperado de: http://creatividadysociedad.com/wp-content/uploads/2024/03/cys-39-4.pdf