La creatividad en la cobertura fotográfica de los problemas sociales: Entrevista a Jesse Mireles
Creativity in the photographic coverage of social problems: Interviewing Jesse Mireles
Jessica Mireles Quiñones
Fotógrafa en el medio impreso El Diario NTR
https://orcid.org/0009-0008-2562-1723
Alejandro Ortega Neri
Universidad Autónoma de Zacatecas
https://orcid.org/0009-0009-6469-288X
Resumen
Entrevista realizada a la fotógrafa especializada en documentalismo y periodismo, Jessica Mireles Quiñones en el contexto de su cobertura de las problemáticas sociales de la sociedad mexicana y zacatecana. Comparte cómo se acerca a contextos complejos derivados de la violencia por la guerra contra el crimen organizado, las situaciones por las que atraviesan las víctimas indirectas englobadas en el eufemismo de “daños colaterales”, madres buscadoras de personas desaparecidas; habitantes desplazados violentamente de sus comunidades; infancias con vidas trastocadas por balas perdidas.
Comparte las alternativas que le brinda la fotografía y la imagen en general, para contar y transmitir estas historias duras, mediante una narrativa que tenga alcances e impacto con el objetivo de contribuir a contrarrestar la problemática mediante la reflexión, la desnaturalización y la acción ante los distintos tipos de violencia que han emergido del combate del Estado México a los grupos del crimen organizado, y a la disputa que estos mismos mantienen a lo largo del territorio nacional y estatal.
Habla también de sus inicios en el mundo de la fotografía y cómo esta le ha sido útil, además de una actividad terapéutica, como una vía para transmitir su postura ideológica y la forma en la que entiende el mundo.
Palabras clave
Fotografía; Documental; Fotoperiodismo; Derechos Humanos; Víctimas; Violencia.
Abstract
Interview conducted with the photographer specialized in documentary film and journalism, Jessica Mireles Quiñones in the context of her coverage of the social problems of Mexican and Zacatecan society. She shares how she approaches complex contexts derived from the violence due to the war against organized crime, the situations that indirect victims encompassed in the euphemism of "collateral damage", mothers searching for missing persons; go through; inhabitants violently displaced from their communities; childhoods with lives disrupted by stray bullets.
Shares the alternatives that photography and the image in general offer, to tell and transmit these hard stories, through a narrative that has scope and impact with the aim of contributing, to counteracting the problem through reflection, denaturalization and action against the different types of violence that have emerged from the State of Mexico’s fight against organized crime groups, and the dispute that they maintain throughout the national and state territory.
She also talks about her beginnings in the world of photography and how it has been useful to her, in addition to a therapeutic activity, as a way to transmit her ideological position and the way she understands the world.
Keywords
Photography; Documentary film; Photojournalism; Human rights; Victims; Violence.
Entrevista realizada por el Mtro. Alejandro Ortega Neri.
Jessica Mireles Quiñones es una fotógrafa documental y periodista nacida en el estado de Zacatecas, México, en 1998. Egresó de la Licenciatura en Comunicación por la Universidad de la Vera-Cruz. Su formación artística se desarrolló en el Centro de las Artes de San Agustín en Oaxaca de Juárez. Se ha enfocado en temas sociales, culturales, de género, migración y derechos humanos y ha trabajado con medios internacionales como The New York Times, BBC News, además de ser corresponsal para agencias de noticias como Reuters. También es miembro de Women Photograph y Women Street Photographers y ha colaborado con organizaciones como United Nation Women, Women Street Photographers, Las Fotos Project y revistas como Vogue en México. Asimismo, su trabajo fotográfico ha formado parte de diversas exhibiciones dentro y fuera de México como en Los Ángeles y Nueva York, Madrid, Milán, el Carrousel du Louvre en París, la Casa de la Opera de Sídney, USC Fisher Museum, el Museo Archivo de la Fotografía en la Ciudad de México y el Museo Regional de Antropología “Carlos Pellicer Cámara” en Villahermosa, Tabasco y otros recintos museográficos. En 2020 se hizo acreedora al Premio Estatal de la Juventud entregado por el Gobierno del Estado de Zacatecas, en la categoría de Artes Visuales. En la red social de fotografía Instagram, Jesse Mireles (soyjessemireles) tiene casi 13 mil seguidores.
La foto, se podría decir, que comencé a explorarla cuando tenía 11 años y todo fue gracias a mi abuelo, que fue la primera persona que me introdujo a este mundo. En realidad, yo nunca pensé, ni siquiera de niña, dedicarme a esto, sino que todos los registros fotográficos que existen míos cuando era niña es porque mi abuelo se encargó de hacer ese registro. Mi abuelo siempre estaba con una cámara; siempre llegaba a casa por la noche con un negativo ya revelado e incluso llegó a comprar varias cámaras de video, le gustaba mucho; entonces, sin querer, creo que mi abuelo me introdujo a ese mundo y yo empecé a hacer siempre foto en la calle, yo no sabía que realmente era una manera válida de hacer foto y que era un género, que existía la fotografía callejera como tal, pero siempre esos entornos, esos espacios donde había mucho dinamismo, los colores, los olores de la calle, era lo que siempre me llamó la atención, fotográficamente hablando.
Se podría decir que hago foto desde los 11 años, pero profesionalmente desde hace seis años (2017), y digo profesionalmente porque fue la primera vez que mis fotos no se quedaron sólo para mí o en una red social, sino que incluso fue mi primera exposición fotográfica, una colectiva en Madrid. Entonces, a partir de ahí, desde que tu trabajo se posiciona o es mostrado a través de otras plataformas llega a más ojos en el mundo, lo que significa que más personas, al ver tu trabajo, se interesan en buscarte y fue así que a través de Instagram muchas oportunidades de trabajo llegaron.
Es algo que todavía aún se lo reprocho a mi mamá, porque nunca tuve un teléfono celular con cámara sino hasta que estuve en la preparatoria, hace unos ocho años. Entonces mi primera cámara fotográfica era una semi profesional, una Fujifilm, a la edad de 12 años, pero realmente todo el tiempo hacia fotografías con los teléfonos de mi mamá, le encantaba comprarse un celular con cámara y me pude dar cuenta que cada cámara que salía era mucho mejor a la anterior, que realmente estaban innovando en teléfonos y, de hecho, hasta la fecha, antes de comprar un celular, independientemente de la marca, lo primero en lo que siempre me fijo y me interesa más es la cámara.
Y recuerdo que mi primera fascinación fue con los teléfonos touch, con un Xpedia de Sony Ericsson. Me acuerdo perfectamente. Lo tenía mi mamá y lo que más me fascinaba era, justamente, que yo podía enfocar, acercar la cámara a cualquier objetivo y dominar y tener control sobre la profundidad de campo. Esa fue mi primera fascinación, me gustaba mucho cómo se hacía el bokeh (desenfoque de luces) en el segundo plano. A partir de ahí comencé a tomar fotos de las cosas más pequeñas, como las que estaban en el suelo: las hojas caídas de los árboles, y comencé a experimentar con muchas cosas. Si bien no empecé con una cámara análoga, lo que hacía era que las fotografías que tomaba con el celular de mi mamá procuraba pasarlas a una USB e imprimirlas.
Hace poquito leí una frase que me gustó mucho y quiero empezar con ella y dice: “sea consciente o no, el fotógrafo impregna su obra con su sensibilidad y con su ideología”. Es una frase de Joan Fontcuberta y es totalmente cierto, porque cuando creces en este ámbito documentando otras cosas, contextos sociales, socioculturales, a pesar de que lo hagas como freelance, a pesar de que lo hagas como un trabajo y no como hobby, yo siempre he sido de la idea que muchas veces está bien imponer nuestra manera de hacer foto, los temas que nos interesan ante las agencias. Yo sí puedo decir que las fotos dicen todo de mí, lo que está en mis fotografías es cien por ciento los temas que me gustan explorar o lo que yo quiero decir. Justamente como dice Joan, está impregnado de ideología, de todo lo que siento y lo que pienso, entonces es mi carta de presentación.
Algo con lo que yo no comulgo, y eso creo que lo fui desaprendiendo, es que cuando iniciamos en la foto decimos que somos “la voz de las personas”, pero ahora siempre digo que no, que es algo muy pedante decir que somos la voz, nosotros simplemente estamos prestando la manera en la que miramos, nuestros ojos, para que alguien más vea lo que estamos viendo. Creo que las personas que están del otro lado de la cámara, frente a ella, son las que tiene voz propia y no podemos apropiarnos como fotógrafos o fotógrafas de luchas que no nos corresponden, de contextos que no vivimos a diario; nosotros sólo somos espectadores en un tiempo determinado y lo que mostramos es una percepción. Por eso me parece trillada la frase de “una imagen dice más que mil palabras” porque una fotografía puede tener muchas caras distintas, no es la misma percepción, se leen de manera muy distinta. Lo que hacemos está impregnado por ideologías, sentimientos, por muchas cosas.
Últimamente he estado metiéndome mucho en los temas de la desaparición forzada, siempre fue un tema que me había llamado a explorar porque creo que es muy importante hablar de eso. Hay muchas maneras de hablar sobre desaparición forzada, por ejemplo, no tienen que ser siempre las fotografías de las madres en el campo buscando, no se resume sólo a eso; hay imágenes que ya hemos visto que se han hecho en muchas partes del mundo, pero la foto conlleva a hacer un proceso metodológico de la investigación sobre un tema y, como decía Ansel Adams, hay que leer libros, ver películas, nutrirse siempre visualmente de todas las maneras posibles. Por ejemplo, comencé a meterme un poco más a temas de la desaparición forzada, a temas más sensibles, como los daños colaterales o las cicatrices que ha dejado la llamada Guerra contra el Narco, pero no mostrando, no dándole plataforma, no enalteciendo a quienes perpetran estas cosas tan horribles, sino a las familias, a las infancias que son daños colaterales de esa problemática y que nadie habla de ellos. Ese es uno de los temas más recientes o en los que he estado más metida, al igual que con el desplazamiento forzado, pero así, en rasgos generales, temas que tengan que ver con derechos humanos, con migración y temas de género, obviamente todo lo que tenga que ver con feminismo y también con las disidencias sexuales. Son mis temas más frecuentes.
A mí me parece una visión muy purista, que incluso propios fotógrafos consagrados digan que solamente se tiene que hacer foto y ni siquiera con cámara digital, sino con película. Para mí es una visión muy purista, cuando hacer videos, grabar sonidos y al juntarlos seguimos hablando de imagen. No son más que recursos visuales; el intervenir manualmente una imagen con fotobordado, escribir sobre una fotografía, no son más que recursos visuales o alternativas, pero al final se habla de imágenes. El hecho de tomar una foto de una madre buscadora con una carta que le escribe a su hijo desparecido, por poner un ejemplo, es un recurso visual. Lo importante de la foto es conectar con las personas que están del otro lado y no nada más verlos y tratar de imaginar qué pasa en la escena, eso nos permite tener una cercanía. Al final, ellas tienen su propia voz, ¿por qué no ser nosotros un poco más hábiles como fotógrafos y añadirlo como un detalle de algún proyecto que nos permita conectar y entender mejor las historias? Eso es muy importante, que las personas que estén viendo las fotografías conecten con las personas que están detrás.
Con el paso del tiempo, siempre he dicho que aprendí a pensar como una máquina, como un robot, pero no quiere decir que haga todo en automático: que no piense y que no sienta; quiere decir que ya no hay nada en mi vida que no pueda hacer sin estar pensando en la luz, en la imagen, en la foto. Mi vida dejó de ser normal desde que tomé una cámara en mis manos por vez primera. Creo que la cuestión de la creatividad se da en cómo ves la luz, dónde tenemos qué pararnos, cómo hacer una mejor foto, ese es el primer paso; empezar a pensar más, detenerse si es posible, porque hay fotos que no nos permiten pensar cómo hacerla mejor, incluso a veces no tenemos oportunidad de disparar otra vez. Entonces pensar, componer, moverse, buscar de todos los ángulos posibles, experimentar.
El segundo momento en el que entra mucho el concepto de creatividad, es en el hecho de estar editando una foto. Desde que decidimos dejar una foto en blanco y negro o en color, tiene mucho que ver cómo lo hacemos; tiene que ver los colores que generan un ambiente distinto, incluso pueden hacer que las narrativas cambien, o se pueden crear atmósferas dependiendo del tratamiento que le estemos dando a la imagen.
Cuando ocurre un bloqueo creativo -porque además de que la fotografía es una extensión de mí, es algo para canalizar mis sentires, para resolver preguntas -, cuando no hago foto, algo que me gusta mucho y creo que todos deberíamos hacer es escribir. Escribir es super importante, escribir sobre lo que sentimos, lo que nos pasa y eso, automáticamente, va a traer imágenes a tu mente.
Me pasó algo a nivel personal hace poco. Yo sé que muchas personas en el gremio fotográfico condenan rotundamente el uso de la Inteligencia Artificial y no voy a refutar: la Inteligencia Artificial no es fotografía, no es algo creado cien por ciento por los humanos, pero hace poco me animé a hacer un ejercicio muy personal que me hizo darme cuenta que es igual de importante en la foto el concepto abstracto que es la memoria. ¿Cómo hablas de la memoria si no es algo tangible, algo que físicamente no existe? ¿Cómo haces algo fotográficamente que no existe, que ya pasó? Cuando mi padre murió hace siete años, yo no vi cómo pasó todo, pero hubo personas en mi familia que sí saben cómo fue y son imágenes que me persiguieron por mucho tiempo, y tratando de imaginar posibilidades infinitas de cómo pudo haber sido su muerte, qué tanto pudo él haber sufrido, se me ocurrió, a través de la Inteligencia Artificial, un ejercicio que me permitiera llegar a una idea de cómo pudo haber sido. Le pedí que creara imágenes sobre la muerte de mi padre y me quedé helada porque me arrojó imágenes que yo le había pedido y que son muy similares a un proyecto fotográfico que hice desde hace tres o cuatro años y que recién cerré el primer capítulo en noviembre del año pasado y al que titulé “Mal de la tierra”. Fue muy fuerte para mí ver esas imágenes y pensar en la muerte, un tema que para mí es fascinante y que, desafortunadamente, he tenido que vivirlo de muchas maneras, y con este ejercicio que hice me di cuenta de lo importante que es ponerle nombre, ponerle letras, ponerle rostro.
Me di cuenta que esa es la tarea de la foto, que, si bien la Inteligencia Artificial no es fotografía, es importante ponerle un rostro, palabras y todo lo que se pueda a todo lo que está pasando dentro de nosotros, aunque se trate de un hecho noticioso, nuestra manera de contarlo será muy particular y con visiones muy únicas, impregnadas de otras cosas muy personales.
Una podría creer que no, pero el poder de las imágenes ha cambiado muchas veces el sentido de las cosas. Hace poco me tocó fotografiar a una niña de 14 años que cuando tenía 13 fue víctima de un ataque armado. Recibió trece disparos en el cuerpo y vivió de milagro para contarlo. Nataly, se llama. Perdió su pierna izquierda y cuando fui con mi compañera periodista a hacer el reportaje nos dimos cuenta que, si bien no se le dificulta nada a Nataly porque sigue con su vida normal, también se le podría facilitar más si le regalarán una prótesis, pues son carísimas y si eres un daño colateral en un ataque armado, ella no tendría que estar pidiendo dinero porque es una tarea que le compete al Estado, a la comisión de víctimas, pero a lo que voy con esto es que, luego de que hicimos esta historia, dos horas después de que se publicó contactaron a la mamá de Nataly porque alguien leyó la historia y le querían ofrecer una prótesis gratis y el viaje a la Ciudad de México. Entonces, ejemplos tan sencillos como estos son importantes porque nunca sabemos hasta dónde pueden llegar nuestras fotografías, no sabemos el impacto que puedan tener en las personas de un contexto más específico, de otro país. La foto sigue haciendo cosas por las personas que están detrás y ese es el poder que tiene, de reflejar las injusticias, la desigualdad, la violencia y no necesariamente de una manera tan trágica.
Cuando estoy haciendo labor periodística y me toca escribir para compartir que es lo que pasó en ese momento, para hablar de los hechos, a mí no me gusta hablar de una manera tan cuadrada para dar datos duros, sino que me gusta hablar a partir de mi vivencia, pero sin ponerme a mí como lo central de la historia, ni hablar en primera persona. En los temas relacionados a la desaparición forzada me gusta hablar sobre las familias, sobre su dolor, nunca hablar de cómo me siento yo con las familias, lo importante van a ser ellos.
Yo tengo una visión - no sé si llamarla anárquica- de la foto, pero justamente es todo un tema lo de la democratización de la imagen porque hay personas que critican o hacen creer a la gente que no hace foto por tomarlas con sus celulares, pero yo empecé así, haciendo foto con celular y no estamos todos obligados a hacer fotografías que digan algo porque sería engañarnos, porque una foto puede ir más allá de un compromiso social: una foto puede ser una experiencia estética y decir que la tomé porque está bonita la luz, no quiere decir que no avancemos. Cada quien tiene su proceso, pero yo creo que si alguien quiere hacer fotografía no importa si tienes una cámara profesional, un celular o una Tablet, hazlo con lo que tengas a la mano.
Yo pienso que la foto podría ser una herramienta que puede ayudarnos en la regeneración del tejido social. Para mí, la foto siempre ha sido una terapia; es importante hablar de lo que nos duele, de lo que nos hace feliz. ¿Por qué le vamos a negar a alguien esa oportunidad nada más por tener visiones puristas con las que nosotros crecimos? Ahora se pueden cambiar y no quiere decir que la foto vaya a perder su sentido, sólo hay que cambiarla porque ahora tenemos los ojos más abiertos. Yo creo que todo el mundo puede hacer fotografía, todos tenemos algo que decir; la foto tiene que ser ese escape, esa alternativa para poner en imagen y poner en letras, todo lo que sucede alrededor.
Recibido: 27 de septiembre de 2023
Aceptado: 30 de noviembre de 2023
Para citar este artículo: Mireles, J. y Ortega, A. J. (2024). La creatividad en la cobertura fotográfica de los problemas sociales: Entrevista a Jesse Mireles. Revista Creatividad y Sociedad, 39(9), pp. 112-118.
Recuperado de: http://creatividadysociedad.com/wp-content/uploads/2024/03/cys-39-9.pdf